
Hace poco tuve una conversación, mejor dicho me hicieron una pregunta y la conversación la tuve yo sola en mi cabeza cuando venía manejando de regreso. Me preguntaron: ¿quién ha sido el amor de tu vida? No supe qué contestar a lo que sólo atiné a decir: “nadie”.
Me parece que todos han tenido un amor de su vida y siento que yo me estoy perdiendo de algo importante, o será bastante cliché, no lo sé. Tal vez sólo sea esa carnívora insistencia de permanecer pegados a alguien que ya no está, y con esa sensación en la boca del estómago preguntándonos si nosotros también seremos el amor de la vida de alguien. Carnívora porque siempre que lo recordamos es comernos al otro un poco cada día, comernos el recuerdo, comernos el ‘se fue’, comernos el ‘ya no está’, comernos el ‘nunca pudimos’. Se me quedó la pregunta pegada al corazón y dejé que éste me contestara por sí solo. Nada, no había nadie adentro que llevara viviendo conmigo y con mis recuerdos más del tiempo que les he dado para sobrevivir las despedidas y seguir encontrando fantasías para estrenar.
No sé qué se siente tener a alguien a quien amaste mucho y que ahora sólo lo tengas en una fotografía, lejos de ti, viviendo una vida que no es contigo ni fue para ti. Supongo que a veces duele la memoria de esos buenos tiempos, supongo que a veces duele la consciencia por no haber sabido retenerlo, supongo que a veces lloras y extrañas. No es que yo no lo haya hecho, si pudiera contar las veces que he extrañado y llorado y la consciencia me ha dolido, necesitaría una caja para ir echando los momentos.
No sé qué es tener un “amor de la vida”, a todos los hombres que han estado conmigo (pocos o muchos) los he amado como a nadie parecido. Todos han sido el amor de mi vida en su justo momento y con su propia dimensión. No puedo estar con alguien y extrañar o pensar en otro, supongo que sería injusto. Me pesa la mano de sacar fotografías oxidadas por el aire, el polvo y la humedad y revisar rostros que mi memoria ya tenía olvidados. Me pesa la memoria de recordar nombres, tipo de boca, olores, sabores, momentos e infinidad de “te amos” dichos en otro tiempo, a otras personas que hoy ya no son las mismas a las que amé, ni yo tampoco.
A todos los he amado como mejor he podido y nuestro tiempo ya fue. Supongo que por eso nadie se me ha quedado en el corazón llamándolo “amor de mi vida”. Soy tan pretenciosa que al amar a alguien siempre lo hago por primera vez. Regreso a esos lugares con la memoria que me transporta a la sencilla y abrumadora sensación de saber que me importa y eso para mí es suficiente. Todo es por primera vez, otra vez.
Supongo que siempre habrá un persona sobre el resto del universo que te importe más que nadie, que quieras más que a nadie, que extrañes más que a nadie, pero yo solo conjugo el verbo extrañar e importar en tiempo presente. Qué envidia me dan todos aquellos que han tenido “un amor de la vida” uno solo, yo estoy bastante jodida, me ocupa más de uno. Todos han sido el amor de mi vida.
No, no me confundo, a todos los he amado, y me han hecho ser esta que hoy soy, para bien o para mal. Todos han sido el amor de mi vida cuando les ha tocado su turno, solo que yo elijo quedarme en el hoy y en el ahorita, no quiero un ayer y un ya fue. Me quiero quedar aquí, ahorita, extrañando, necesitando, pensando y amando al que tenga a mi lado, no al que ya se fue. O tal vez los que tengan un amor de la vida y los que lo sean para un otro son afortunados, o tal vez, sólo tal vez, es un milagro ser amados para siempre por alguien.
Carnívora insistencia de comernos al otro con recuerdos viejos. Carnívora mi insistencia de comerme al otro con recuerdos por estrenar.
La pregunta me sigue dando vueltas y no sé si lo que yo crea sea lo correcto, pero qué más da si lo que sobra siempre, es a quién amar.
Let’s be alone together.
Let’s see if we’re that strong.
Yeah, let’s do something crazy,
something absolutely wrong
while we’re waiting
for the miracle, for the miracle to come.
Waiting for the Miracle – Leonard Cohen
Artículo Publicado para VasQueVuelas.

