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Hay
una parte de la literatura que me gusta: cuando un estafador,
mentiroso, mamarracho y vividor es el personaje central. Este tipo de
protagonistas que algunos autores han desarrollado a lo largo de su obra
tiene como característica ser chantajista, exagerado, hombres de bajo
rango social, abiertamente marginados o delincuentes. Hacen de ellos un
anti héroe, un contrapunto al ideal de los “príncipes azules”.
Todos estos personajes son adorables a primera vista, seductores,
habladores y maestros en el engaño, el delirio o la estafa. Se rozan con
lo mejor de la sociedad siendo unos Don Nadie, pero actúan como si
fueran algo.
Supongo que mi adoración hacia ese tipo de personajes es, en parte, a
que yo he conocido varios así. ¿Cómo o por qué me rocé con este tipo de
gente? Mi pregunta aquí es: ¿quién no? Sólo hace falta un poco de
maldad en tus genes para reconocer a un fantoche de estos.
Luis es un tipo que nació con los genes correctos y con todo a su
favor, menos dinero y posición social. Tiene una sonrisa que separa
piernas y abre bocas. Y para desgracia de todos es angelical y un
“chic-magnet”. Parecía que Thor lo había parido desde su mismo vientre.
No exagero. Luis también era un estafador, un vividor, un fantoche, un
mentiroso y un mamarracho. En un minuto se hacía amigo de todos y en una
centésima de segundo te convencía de que le dieras dinero para poner
una escuela de ponis y enseñarlos a nadar. Y lo conseguía. En menos de
un día, Luis desaparecía de Guadalajara y aparecía en Tijuana cuando se
sabía a punto de ser agarrado. ¿Con qué dinero? No sé. Cambiaba
historias, enamoraba mujeres y sacaba provecho de todo lo que podía.
Hoy, después de correr muchos años por todo el territorio mexicano, vive
en Irlanda. Claro, con otra chica. Sólo espero que la Interpol no me lo
regrese.
Estaba el Mini-Heffner. Un cincuentón que se hacía pasar por soltero y
millonario cuando en realidad era un clasemediero común y corriente,
casado y con tres hijos. Más que estafador, era trepador. Un fantoche
que hablaba como si de verdad conociera de todo por contactos y buenas
relaciones llenas de mentiras. Se hacía pasar por alguien que no era y
es la que más enamora. Yo lo conocí cuando tenía un restaurante,
heredado a la mala por una anciana que sólo quería vengarse de su
familia. Años después él contaba que era ingeniero de obra y construía
edificios. Va. Más que estafador era un mamarracho malafacha que tenía
el don del cinismo y extrañas costumbres que siempre me hicieron dudar.
Y por último, el sonado caso de Aldo Monterrubio, un ex manager que
anduvo metido en una estafa de casi 800 mil pesos a una cantante. Por
muchos años dijo tener cáncer de estómago y así consiguió trabajo que,
según los acusadores, nunca hizo. En cambio, dicen que viajaba, se daba
sus lujitos y pagaba placeres mundanos con dinero ajeno. Parece ser que
se le cayó el teatrito y un día, públicamente, lo acusó la gente a la
cual le sacó dinero -por medio de la lástima- para medio vivir bien.
Según parece el señor nunca tuvo cáncer y sólo era un estafador de poca
monta.
¿Qué tienen estos tres estafadores y por qué conté sus mini historias
de realidad? Porque no sólo en la literatura existen este tipo de
personajes adorables. Sí, son adorables. A mí me causan mucha ternura y
simpatía, pero de ésa de condolencia, como si algo se me hubiera avivado
por dentro cuando poco a poco voy descubriendo sus lados oscuros. Son
personajes fantásticos que no sólo viven en la página de un libro y que
no son consecuencia de la imaginación frenética de algún escritor. Me
gusta la gente torcida porque siempre tendrá una historia que contar.
Es
por eso que aquí recomiendo algunos libros que tienen este tipo de
personajes, que probablemente no son irrealidades de un escritor. Puede
ser que ellos también se hayan inspirado en una persona a la que
conocieron.
Si les gusta el género de comedia con buena literatura, esta es una
pequeña lista de libros que tratan este tema y donde los personajes
centrales son los vividores, mentirosos, libertinos, adorables,
borrachos, ilusionistas, estafadores y toda una serie de virtudes que te
harán reír y pasar las páginas lo más rápido posible para ver si su
teatrito se fue por el retrete o si se salieron con la suya.
- El tango de la Guardia Vieja, Arturo Pérez Reverte.
Max es un vividor y a la vez un perdedor enamorado de una mujer
imposible. Un caballero de los canallas que se ganaba la vida a bordo de
elegantes transatlánticos y se relaciona con la alta sociedad.
- Casi el paraíso, Luis Spota.
Amadeo Padula, hijo de una prostituta y criado en burdeles de Italia,
llega a México y se hace pasar por el príncipe Ugo Conti. Su habilidad y
buena facha lo hacen tener poder ante una sociedad wannabe donde sólo importa la apariencia y el poder. Una novela exquisita con personajes adorables y llenos de crueldad.
- El gran Gatsby, Scot Fiztgerald.
Más que una historia de estafas, es una historia de amor. De Jay Gatsby
enamorado de Daisy Buchanan. Un pobretón que por tener el amor de esa
mujer traficará con alcohol y hará negocios ilícitos para encumbrarse en
la sociedad y poder ofrecer a Daisy una vida llena de lujos y sobre
todo de amor.
- Confesiones del estafador Félix Krull, Thomas Mann.
El engaño está escondido de forma cifrada en claves humorísticas y ser
un estafador es una actividad artística por excelencia. La trama te
lleva a un punto en donde todo es grave y al final el autor la resuelve
con una gran carcajada. Todo el libro está lleno de errores afortunados
que hacen de la lectura algo adictivo.
- La conjura de los necios, John Kennedy Toole.
Ignatus Reilly es un personaje que se quedará en tu memoria y en tu
corazón por siempre. Un gordo intelectual con delirios de grandeza que
pretende cambiar al mundo con la teoría de sus sabotajes y paros
políticos. Chantajea a su madre, convence incautos para que lo ayuden a
cerrar una fábrica para terminar tirado en un burdel. Mentiroso,
chantajista, aberrante, exagerado, libre pensador y un poco de loco hace
de Ignatius un personaje al cual se le debería de rendir culto por
hacernos reír tanto.
Todas estas novelas tienen algo en común. Los autores se burlan de
una manera muy elegante de las sociedades en las que cada una se
desarrolla. Todas plantean situaciones nada alejadas de la realidad:
engaños, política, poder, idolatría, odio, amor, asesinatos y un tipo que pone de cabeza a toda una sociedad. Un sólo
depredador que demuestra que tiene poder y lo usa como mejor le
conviene.
Y como decía el Conde: no hace falta ser de la nobleza, lo que cuenta
es actuar como uno de ellos. Robémosle esta frase a ese personaje de
Luis Spota y pensemos “no hace falta ser inteligente, ni tener dinero,
ni tener poder sino que los demás no sepan que no lo tienes”.
Y con esto una vez más comprobamos que esos personajes que existen en
la literatura también están ahí afuera, haciéndose pasar por tus
amigos o tus novios. Piénsalo, a lo mejor estás sentado a lado de uno de ellos y no
te has dado cuenta.
Texto publicado para Letras Explícitas