28 julio 2010


Yo que pensaba escribir acerca del amor. Después de hacer miles de borradores , comerme letras y recordar sensaciones sigo creyendo que es muy mala idea. ¿Qué podría escribir yo del amor? Me da risa de solo pensarlo. Nunca he sabido nada, y sigo sin saberlo.

¿Cómo le podría escribir a esa sensación que a veces me deja sin dormir, sin comer, sin poder concentrarme en nada, que nos hace cometer estupideces? No puedo escribirla, solo sentirla.

He hecho tonterías como ir a buscar un café a las tres de la mañana para ese novio adorable que estaba trabajando en su oficina a esas horas. He tomado un avión que me llevó a catorce horas de distancia con tal de dormir con él. He empacado mis cosas un día a las 6 de la tarde para tomar un vuelo a Monterrey y regresar al día siguiente en el de las siete de la mañana solo por cenar con él.

Todos ellos han tenido lugares especiales en mis letras, en mis libretas que llevo a mano. A todos les he dedicado más de una línea, más de una noche de insomnio, más de un ayuno, más de un boleto de avión, más de una dedicatoria, más de una lágrima. Es más ahorita mismo lo estoy haciendo al escribir de ellos y de lo que me hicieron ser ( no hacer) . No sé si lo vuelva a hacer (ser).

No necesito ponerles dedicatorias, cuando re abro alguna libreta sé para quién y en qué momento lo escribí, mi mente podrá olvidarse de ellos en mi vida cotidiana, mis letras jamás, que cuando las re leo sé de forma maníaca y detallada para quién es cada cosa que escribí sin necesidad de que sus nombres vengan escritos. Nunca necesité plasmar sus nombres me los sigo sabiendo de memoria.

Sigo haciendo cartas a mano, sigo buscando las maneras más originales que existan para decirles que los amo.

Antes compraba empaques de sopa de letras y con eso hacía las cartas. Buscaba hojas de colores y las decoraba a mano con un plumón haciendo márgenes con figuritas. Tenía cajas llenas de colores "Prismacolor" y escribía cartas con letras de cada color. He sacado el tabaco de varias cajetillas para rellenar letras que decían "Te amo". He pegado fotografías de ese viaje a europa que hice sin él, pero que en cada país me paraba a sacar una foto y terminaron pegadas en un cuaderno lindo hecho con mis manos y un papel azul que vendían en Lumen. He comprado boletos de un concierto hasta adelante, los he envuelto en plástico y los he puesto abajo de un pastél para sorpenderlos. Sobre todo los he llenado de letras, muchas letras, muchas cartas escritas en una madrugada, en un salón de clases, en una oficina, en un alto, en una mesa, cerca del mar, en un avión. Ese era mi amor vintage.
[ *Era*] Tiempo pasado

¿Las conservarán? Esas cartas que escribí con tanto amor algunas, con tanto dolor otras ¿estarán guardadas en alguna caja en el sótano en casa de sus padres? ¿Habrán quemado recuerdos cómo alguna vez yo lo hice y me arrepentí tanto?. A veces me gusta pensar que sí, que sí las guardan y que alguna vez esas cartas les serán enseñadas a sus nietos "Mira, estás cartas me las mandaba una novia que tuve, una novia muy [ inserte el adjetivo que quiera] ".

Ahora mi amor es mandar maila o tuits con imágenes, grabar un mensajito a las 3 de la mañana y mandárselo por mail, prender la webcam, diseñarle algo, etc.. Aunque para mí el escribirles a mano sigue siendo mi más fuerte y devota demostración de amor. Esto es mí amor 2.0
[ *Es*] tiempo presente.

Al que venga no dejaré de escribirle a mano, no dejaré de buscarle un papel en Lumen para hacerle una carta con plumones de colores, no dejaré de irlo a buscar a las cuatro de la mañana para llevarle un café, no dejaré de tomar un avión que me lleve hasta donde él este, no dejaré de mandarle mails, o dejaré de grabarle mensajitos enviados por mail .....

Pero el día que de verdad lo ame, le voy a escribir un libro. Entonces este será el amor de mí vida.
[*Será] tiempo futuro.

Yo que pensaba escribir de amor, tan no sé nada de él, que éstas letras tienen todo menos amor.


Lo futuro de lo absurdo.

08 julio 2010




Recuerdo que desde niña los libreros de la casa de mi mamá han estado abarrotados. También recuerdo que siempre que salíamos de viaje con ella, no había un libro había dos o tres en su maleta, en su bolsa o en sus brazos.

Cuando nos llevaba al pediatra, al cuál penosamente vimos hasta los casi trece años ( y eso porque el vejete se murió) mi hermana y yo destrozábamos la pecera tratando de meter a las Barbies a nadar con los beta, mientras ella se quedaba sentada en un sillón sumida en su lectura sin percatarse de nada, hasta que oía que la enfermera decía " ¡Niñas no!". Mi madre salía de su ensimismamiento y nos llamaba la atención.

Cuando nos llevaba con el Dr. Tobías ( el cuál tenía dos
rotweillers en su oficina) como el trayecto era larguísimo de la del Valle hasta Las Lomas, ella llevaba su libro para ir leyendo entre los altos y entre el tráfico a vuelta de rueda que se hacía en Circuito Interior. Se daba cuenta hasta que le decíamos " ¡Mamá ya está el siga!". Cuando llegábamos a ese paraíso infantil lleno de juguetes, resbaladillas y sillas de colores marca Fisher-Price, ella, por estar leyendo nunca se dio cuenta que una maldita infame nos robó la inocencia a mí hermana y a mí cuando nos dijo que los reyes magos eran los papás.

Cuando ella nos llevaba al club los sábados por la mañana a tomar clases de natación, y a pasar el día para cansarnos y llegar a dormir, ella se iba a la cafetería que estaba enfrente de las canchas de tennis y se ponía a leer. Pocas veces se dio cuenta que ni mi hermana no yo nos metíamos a la alberca techada a las clases, que preferíamos irnos a la alberca al aire libre donde había un tobogán. Solo se dio cuenta que no sabíamos nadar hasta que casi nos arrastra una ola en Vallarta.

Cuando ella se ponía a hacer a tarea con nosotras en las tardes, no se daba cuenta que yo pateaba a mi hermana por debajo de la mesa, no se daba cuenta que yo me distraía con cualquier cosa con tal de no aprenderme las veinte palabras del vocabulario. Ella sin levantar la vista de su libro solo movía espasmódicamente la cuchara de madera que tenía a su lado derecho para dar una advertencia de ponernos en paz.

De todos esos libros que ella leía, y los cuales yo vi pasar enfrente de mis ojos en el coche, en un consultorio, en su recamara, o en el sillón, se me quedaron algunos títulos grabados de lo que leía tales como Kramer Vr Kramer, El Graduado, Los Hermanos Karamazov, Casi el Paraíso, Ulíses, Corazón de Piedra Verde, Matar a un Ruiseñor, El nombre de la rosa, La Condición Humana, Rojo y Negro, La Mujer Rota etc.

Mí madre cuando agarra un libro, no para jamás de hablar de el hasta que le llega uno nuevo. Pero hubo uno en especial "Trópico de Cáncer".

Resulta que Henry Miller se convirtió en una especie de fantasma, ella no paraba de hablar de lo maravilloso que era "Herny" ( si, hablaba en personal como si la muy igualada lo conociera). Yo recuerdo que una y otra vez ella mencionaba a Herny, "que Herny esto, que Henry aquello, que si era fantástico, que si escribía maravillosamente bien". Seguro lo menciono una sola vez, pero en mi estrecha y adormilada mente de niña donde todas las realidades las distorsionamos, juro haber escuchado ese nombre y todos esos adjetivos calificativos en superlativo de ese señor por meses enteros.

Entonces pensaba, que si mí madre hablaba tan bien de ese señor, era porque él tenía todo bien, porque era un buen hombre y recuerdo decir y repetir : " Yo de grande me voy a casar con Henry Miller".

Ahora que soy grande llevo una vida buscando a mí Henry Miller. Quiero encontrarlo para hablar de mí Herny con la misma fascinación, emoción y brillo con el que mí madre hablaba de él. Y poder decirle " Mamá, ya encontré a mi Henry"

Ahora ya no recuerdo, ahora lo sé, los libreros de la casa de mí mamá me abarrotaron pero la vida.

Buscando a Henry

06 julio 2010


Hoy hablo de 1993 y parece que me refiero a un año que no viví, del cual recuerdo muy pocas cosas. Yo era una adolescente a quien le preocupaban exámenes de biología, que el niño que me gustaba me hablara u otro que me llamaba la atención me saludara, obtener permiso de ir a una fiesta o que me prestaran el auto. ¡Qué fácil era la vida en 1993!

Pensándolo bien, hoy después de 17 años sigo siendo una adolescente, mi vida no ha cambiado mucho, sólo que hoy no me preocupa un examen de biología; hoy me preocupa un examen ginecológico, hoy ya no hay niños que me hablen, hoy son hombres los que intentan seducirme por teléfono, hoy no me prestan el auto, hoy yo se lo presto a mi madre. ¡Qué difícil es la vida en 2010!


Seguramente en ese año hubo elecciones en algún país, un terremoto en otro, se descubrió la cura para alguna enfermedad, y más de una celebridad murió . En 1993, River Phoenix murió de sobredosis afuera de un antro, Brandon Lee falleció accidentalmente al estar grabando en un set, Audrey Hepburne, Cantinflas, Federico Fellini y Frank Zappa, por nombrar sólo a algunos, nos conmovieron con su muerte en ese año.
Mi manera de recordar los años que he vivido es por la música.

Ese 1993, en particular para México, fue un año importante en materia de música y conciertos. En ese año se anunciaron las presentaciones en México de Metallica, Guns 'n' Roses, Bon Jovi, Peter Gabriel , Madonna y Michael Jackson, entre otros. Hoy, a un año de la muerte de Michael Jackson, se me amontonan los recuerdos de ese 1993, del primero y único en que él piso está ciudad con cinco conciertos en uno de los estadios más grandes del mundo. Siendo el primer artista internacional ( y el único) que ha roto récord. Aunque bueno, ¿qué record no rompió el Rey del Pop?

Recuerdo que los medios de comunicación se volcaron para cubrir todos y cada uno de los días de la estancia de Jackson en México, programas especiales en radio, en televisión, en medios escritos. Donde se hacían coberturas televisadas antes del inicio de cada concierto, con helicópteros sobrevolando la zona , tratado de tomar esas imagenes que quedarían plasmadas en un para siempre. Donde por días enteros se nos paró el corazón cuando anunciaron que los conciertos serían cambiados de fecha debido a un dolor de muelas de Jackson, tanto tiempo habíamos esperado por él para que ahora nos saliera con que se cancelaban. No, no se canceló ni uno, sólo se reacomodaron.
Entrevistas fuera y dentro del estadio, donde la gente corría para pararse atrás de una cámara y demostrar con orgullo sus disfraces, chamarras rojas o negras con estoperoles, pantalones negros con calcetas blancas, peinados hechos para la ocasión. Eufóricos, gente de 30 años hasta niños de 12 o 5 años se peleaban el espacio en televisión para poder demostrar el talento que tenían para hacer el Moonwalk, seguramente con la esperanza de que Michael los estuviera viendo.

Por cinco días la gente que vivía a los alrededores del estadio Azteca se subía a la azotea de sus casas para tratar de escuchar y ver lo que se pudiera. Aunque sólo fuera el final, ese final impactante que únicamente alguien como él podría hacer, un final lleno de fuegos pirotécnicos y donde desaparecía como por arte de magia sobrevolando el escenario.

Mi madre en ese 1993 trabajaba para una marca de refrescos que en ese momento patrocinaba a Jackson, aunque mi hermana y yo teníamos boletos comprados, ella llegó una tarde de comida para decirnos que no solamente íbamos a ir al del 6 de Noviembre, si no también al del 30 de Octubre y 3 de Noviembre. ¿Mi madre viendo a Michael Jackson? Sí, ella estaba igual de emocionada que sus hijas.
Asistí a tres de esos cinco conciertos, de los cuales ninguno le ganó al otro en sensaciones,que siempre iban en aumento porque ya habíamos visto el primero y queríamos más. El mejor fue cuando fuimos mi madre y yo, tomadas de la mano, caminando por esos pasillos kilométricos, y esa ocasión era la primera vez que ella estaría en un concierto, donde no dejó de admirarse, segundo tras segundo, de la gente, de la música , de ver a Jackson parado en el escenario, y donde más de una vez la vi conmovida hasta las lágrimas, no porque fuera fanática de Jackson, si no porque estaba compartiendo con su hija la mayor ese momento único e irrepetible.

Miles de emociones nos recorrían de pies a cabeza a mi madre y a mí, esas vibras, las famosas "olas", los gritos, en un estadio Azteca donde no cabía un alfiler, ahí, por primera vez, sentimos un estremecimiento total al ver a un Michael Jackson inerte en el escenario por cinco minutos, cinco minutos donde todo se detuvo, donde solo estábamos él y nosotros, admirándolo, contemplándolo, amándolo y algunos agradeciéndole con nuestros gritos y aplausos, y muchos otros con lágrimas en los ojos. Donde el estar parado no era una muestra de soberbia, más bien de agradecimiento, de espasmo, de conectarse con su público, de recargarse de energía. Miles de encendedores prendidos cuando cantó "Heal The World". Cuando nos desprendimos de los asientos al escuchar Thriller , seguida por Billy Jean. Luces, fuegos artificiales, esas lágrimas y ese Michael Jackson que a muchos nos dio tanto, y a otros nos quitó tanto cuando se murió.

Lloré su muerte como mucho lo hicimos, y no lloré de fanatismo, porque me gustara su música o no. Michael Jackson como hombre-espectáculo es lo más impresionante que podré ver, estoy segura que nada ni nadie hara lo mismo jamás. Lloré no por sus escándalos y su caótica vida llena de excentricismo, ni por esa muerte tan escandola porque a mí nunca me importó quién era él como hombre, la anomalías que tuvo como padre o como esposo, las suceptibilidades hirientes que tuvo como hijo, como hermano. A mí me importó quién fue Michael Jackson por la música que me dio, por esas canciones que marcaron etapas de mi vida, por esos recuerdos que también murieron un poco cuando él se fue. ¿El más importante? mi madre y yo por primera y única vez compartiendo las mismas emociones tomadas de la mano.

Por eso digo, que difícil es la vida ahora, en el 2010, a un año de la muerte de Jackson.

Artículo publicado en Terra Colombia

A un año de distancia