06 julio 2010

A un año de distancia

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Hoy hablo de 1993 y parece que me refiero a un año que no viví, del cual recuerdo muy pocas cosas. Yo era una adolescente a quien le preocupaban exámenes de biología, que el niño que me gustaba me hablara u otro que me llamaba la atención me saludara, obtener permiso de ir a una fiesta o que me prestaran el auto. ¡Qué fácil era la vida en 1993!

Pensándolo bien, hoy después de 17 años sigo siendo una adolescente, mi vida no ha cambiado mucho, sólo que hoy no me preocupa un examen de biología; hoy me preocupa un examen ginecológico, hoy ya no hay niños que me hablen, hoy son hombres los que intentan seducirme por teléfono, hoy no me prestan el auto, hoy yo se lo presto a mi madre. ¡Qué difícil es la vida en 2010!


Seguramente en ese año hubo elecciones en algún país, un terremoto en otro, se descubrió la cura para alguna enfermedad, y más de una celebridad murió . En 1993, River Phoenix murió de sobredosis afuera de un antro, Brandon Lee falleció accidentalmente al estar grabando en un set, Audrey Hepburne, Cantinflas, Federico Fellini y Frank Zappa, por nombrar sólo a algunos, nos conmovieron con su muerte en ese año.
Mi manera de recordar los años que he vivido es por la música.

Ese 1993, en particular para México, fue un año importante en materia de música y conciertos. En ese año se anunciaron las presentaciones en México de Metallica, Guns 'n' Roses, Bon Jovi, Peter Gabriel , Madonna y Michael Jackson, entre otros. Hoy, a un año de la muerte de Michael Jackson, se me amontonan los recuerdos de ese 1993, del primero y único en que él piso está ciudad con cinco conciertos en uno de los estadios más grandes del mundo. Siendo el primer artista internacional ( y el único) que ha roto récord. Aunque bueno, ¿qué record no rompió el Rey del Pop?

Recuerdo que los medios de comunicación se volcaron para cubrir todos y cada uno de los días de la estancia de Jackson en México, programas especiales en radio, en televisión, en medios escritos. Donde se hacían coberturas televisadas antes del inicio de cada concierto, con helicópteros sobrevolando la zona , tratado de tomar esas imagenes que quedarían plasmadas en un para siempre. Donde por días enteros se nos paró el corazón cuando anunciaron que los conciertos serían cambiados de fecha debido a un dolor de muelas de Jackson, tanto tiempo habíamos esperado por él para que ahora nos saliera con que se cancelaban. No, no se canceló ni uno, sólo se reacomodaron.
Entrevistas fuera y dentro del estadio, donde la gente corría para pararse atrás de una cámara y demostrar con orgullo sus disfraces, chamarras rojas o negras con estoperoles, pantalones negros con calcetas blancas, peinados hechos para la ocasión. Eufóricos, gente de 30 años hasta niños de 12 o 5 años se peleaban el espacio en televisión para poder demostrar el talento que tenían para hacer el Moonwalk, seguramente con la esperanza de que Michael los estuviera viendo.

Por cinco días la gente que vivía a los alrededores del estadio Azteca se subía a la azotea de sus casas para tratar de escuchar y ver lo que se pudiera. Aunque sólo fuera el final, ese final impactante que únicamente alguien como él podría hacer, un final lleno de fuegos pirotécnicos y donde desaparecía como por arte de magia sobrevolando el escenario.

Mi madre en ese 1993 trabajaba para una marca de refrescos que en ese momento patrocinaba a Jackson, aunque mi hermana y yo teníamos boletos comprados, ella llegó una tarde de comida para decirnos que no solamente íbamos a ir al del 6 de Noviembre, si no también al del 30 de Octubre y 3 de Noviembre. ¿Mi madre viendo a Michael Jackson? Sí, ella estaba igual de emocionada que sus hijas.
Asistí a tres de esos cinco conciertos, de los cuales ninguno le ganó al otro en sensaciones,que siempre iban en aumento porque ya habíamos visto el primero y queríamos más. El mejor fue cuando fuimos mi madre y yo, tomadas de la mano, caminando por esos pasillos kilométricos, y esa ocasión era la primera vez que ella estaría en un concierto, donde no dejó de admirarse, segundo tras segundo, de la gente, de la música , de ver a Jackson parado en el escenario, y donde más de una vez la vi conmovida hasta las lágrimas, no porque fuera fanática de Jackson, si no porque estaba compartiendo con su hija la mayor ese momento único e irrepetible.

Miles de emociones nos recorrían de pies a cabeza a mi madre y a mí, esas vibras, las famosas "olas", los gritos, en un estadio Azteca donde no cabía un alfiler, ahí, por primera vez, sentimos un estremecimiento total al ver a un Michael Jackson inerte en el escenario por cinco minutos, cinco minutos donde todo se detuvo, donde solo estábamos él y nosotros, admirándolo, contemplándolo, amándolo y algunos agradeciéndole con nuestros gritos y aplausos, y muchos otros con lágrimas en los ojos. Donde el estar parado no era una muestra de soberbia, más bien de agradecimiento, de espasmo, de conectarse con su público, de recargarse de energía. Miles de encendedores prendidos cuando cantó "Heal The World". Cuando nos desprendimos de los asientos al escuchar Thriller , seguida por Billy Jean. Luces, fuegos artificiales, esas lágrimas y ese Michael Jackson que a muchos nos dio tanto, y a otros nos quitó tanto cuando se murió.

Lloré su muerte como mucho lo hicimos, y no lloré de fanatismo, porque me gustara su música o no. Michael Jackson como hombre-espectáculo es lo más impresionante que podré ver, estoy segura que nada ni nadie hara lo mismo jamás. Lloré no por sus escándalos y su caótica vida llena de excentricismo, ni por esa muerte tan escandola porque a mí nunca me importó quién era él como hombre, la anomalías que tuvo como padre o como esposo, las suceptibilidades hirientes que tuvo como hijo, como hermano. A mí me importó quién fue Michael Jackson por la música que me dio, por esas canciones que marcaron etapas de mi vida, por esos recuerdos que también murieron un poco cuando él se fue. ¿El más importante? mi madre y yo por primera y única vez compartiendo las mismas emociones tomadas de la mano.

Por eso digo, que difícil es la vida ahora, en el 2010, a un año de la muerte de Jackson.

Artículo publicado en Terra Colombia

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