
Le abrí la puerta y supe que era un suicida, lo decían sus ojos.
El peligro se huele. Un escalofrío me recorrió la espina dorsal. Sabía que había perdido.Lo invité a pasar.
Cruzó el salón y en sus pasos había certeza. Se sentó en el sillón de terciopelo rojo y me miró.
Una sonrisa fue suficiente para convencerme de que yo, esta noche, tomaría el control de las heridas
El silencio era un arma que suicida una relación sin esfuerzo.
Lo tomé de las manos. Su temperatura corporal era la de un muerto. - ¿Tienes miedo? le pregunté sonriendo.
-Tenemos que hacerlo -me respondió. Tomé aire y cerré los ojos.
Y en ese momento preparé la mesa. El suicido se sirve frío. Supe que la oscuridad nos había tragado.
Le serví una copa vacía, propuse un brindis por la metamorfosis de nuestros recuerdos.
Le enseñé las heridas de mis dedos. -Mira,no tengo razón más que la de cambiar. Y le provoqué un incendio.
Había un incendio en el mar de sus ojos. Algunas despedidas nunca deberían ser presente.
El silencio se nos cayó al piso. Esta vez no puedes venir conmigo. Extráñame por todo lo que no te di.
Acabé con todo. Lo miré sin reconocerme, sin reconocernos. Comencé a olvidarlo con descaro.
Rodeó mi cuello y dijo: a los cadáveres no les brillan los ojos y a los suicidas no nos tiemblan las manos.
** Si se lee saltando cada parrafo es un cuento diferente**
** Escrito por @baronesarampant y @nenamounstro 3:40 AM en las cuentas de twitter respectivas**

