24 abril 2012

Ponle Play.

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Uno de mis regalos de cumpleaños fue un tocadiscos marca Fisher Price portátil, tanto lo quería y lo cuidaba que un día lo lavé con agua y jabón y dejó de funcionar. Ya no podía tocar mi disco de Juice Newton, esa con la canción de “Queen of Hearts“, tampoco podía tocar a Lipps Inc. con FunkyTown o a Bonnie Pointer con su canción Heaven Must Have Sent You. Después tuve un walkman, una grabadora y fuimos progresando.

Hoy, afortunadamente ya no necesitamos una pluma Bic o un lápiz para desenredar y endredar de nuevo esa cinta que se tragaba la grabadora y que nos hacía llorar porque habíamos perdido toda nuestra música. La tecnología nos alcanzó a aquellos románticos a la antigua que declarabamos el amor en forma de plástico cuadrado y nos costaba doce pesos. Hoy, los sentimientos vuelan atraves de un mp3 con 128kbs. No hay forma de que se borren, o se pierdan, o se escuchen mal. Hoy, los recuerdos de alguien con una canción son literalmente imborrables.

Tener radio no era un lujo, era una necesidad, por lo menos en mi caso. Comprar cassettes para grabar, una más. Siempre había listo un cassette “virgen” dentro para agarrar la canción que te gustaba, todas ellas tenían cortes al principio y al final, o se metía la voz del locutor anunciando el nombre. Sin importar esas interrupciones y ruidos esos cassettes eran testigos de tu historia, me recordaban justo el momento en que escuché esas canciones por primera vez y aún lo sigo haciendo.

Ponle play.

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Uno de mis regalos de cumpleaños fue un tocadiscos marca Fisher Price portátil, tanto lo quería y lo cuidaba que un día lo lavé con agua y jabón y dejó de funcionar. Ya no podía tocar mi disco de Juice Newton, esa con la canción de “Queen of Hearts“, tampoco podía tocar a Lipps Inc. con FunkyTown o a Bonnie Pointer con su canción Heaven Must Have Sent You. Después tuve un walkman, una grabadora y fuimos progresando.

Hoy, afortunadamente ya no necesitamos una pluma Bic o un lápiz para desenredar y endredar de nuevo esa cinta que se tragaba la grabadora y que nos hacía llorar porque habíamos perdido toda nuestra música. La tecnología nos alcanzó a aquellos románticos a la antigua que declarabamos el amor en forma de plástico cuadrado y nos costaba doce pesos. Hoy, los sentimientos vuelan atraves de un mp3 con 128kbs. No hay forma de que se borren, o se pierdan, o se escuchen mal. Hoy, los recuerdos de alguien con una canción son literalmente imborrables.

Tener radio no era un lujo, era una necesidad, por lo menos en mi caso. Comprar cassettes para grabar, una más. Siempre había listo un cassette “virgen” dentro para agarrar la canción que te gustaba, todas ellas tenían cortes al principio y al final, o se metía la voz del locutor anunciando el nombre. Sin importar esas interrupciones y ruidos esos cassettes eran testigos de tu historia, me recordaban justo el momento en que escuché esas canciones por primera vez y aún lo sigo haciendo.

Empezó la hormona del amor y con ella, el azote, la felicidad, las lágrimas y los mix tapes. Como diría Robert Sheffield “cada mixtape tiene una historia, únelos y harás la historia de tu vida”. Toda mi música la tiene. Todas las canciones me recuerdan a un momento específico, a una persona, a un lugar, a un momento de mi vida. Cada uno va haciendo una cadena de sucesos que se traducen en notas musicales. Vida, historia, amor, desamor, encuentros, desencuentros, los podemos cantar.

Una vez mi padre se enojó tanto conmigo que me dejó de hablar casi por un año, mi orgullo y el suyo era tan grande que no nos permitía acercarnos. Un día, en un cassette le grabé una y otra vez “Hey, that’s no way to say goodbye” de Leonard Cohen y le escribí atrás “You know my love goes with you, as your love stays with me“. Al día siguente desayunamos sin tocar el tema. No sé si el se acuerda de esto, pero yo lo recuerdo como si fuera ayer.

Entre mis cassettes, hay uno donde sólo grabé “How Soon is Now?” de The Smiths, sólo tiene esa canción, la grababa cada que la escuchaba. A veces sigo haciendo lo mismo, sólo que ahora pico el icono del iTunes donde le pides que la reproduzca una y otra vez.

La música es mi órgano olfativo, visual, táctil que se conecta con mi memoria y con mi imaginación. Podrán irse, podré irme, cambiarse de ciudad, no volver a saber de mí, podremos enterrar lo peor de nuestro pasado pero la música que escuchamos juntos, no, esa se queda, vayamos a donde vayamos y siempre estará esa canción que nos alcanzará.

Lo que no puedo decir con letras ni con palabras lo digo con música, por eso la regalo, por eso la vivo y la respiro. Mi mejor y torpe manera de decirle a alguien que lo quiero o lo extraño es mandándole una canción o haciéndole un mix tape. Escoger canción por canción, es amor, también. Sé que cada que lo escuche, todo su cuerpo estará hecho de memorias. Por hoy, por ayer, por algún tiempo yo soy el mix tape de alguien, y ese alguien es mi mix tape. Nada es para siempre, al rato vendrá alguien más y tendremos nuevas canciones con nuevas historias. Pero la nuestra queda ahí, la que empezó con The White Stripes y sigue con The Airborne Toxic Event.

Pedirle a The Temper Trap que me regrese a ese lugar, a Blue October a ese momento, a The Cure que me regrese a esa noche, y a Cinderella a ese beso, aunque sea sólo para no olvidar que tengo una historia que contar.

Siempre habrá una razón para dar canciones y no olvidar el día en que nos sucedieron.

Hoy no hago cassettes, ya no tengo mi toca discos Fisher Price, ni mi grabadora Sonny pero el amor con que construyo una historia a base de Do(cumentar), Re(cuerdos) Mi(smos) que nos Fa(ltarán) Sol(amente) si dejamos que La Si(guiente) canción nos separe, es el mismo de cuando tenía catorce años. Incluso cuando ya no esté, ocasionalmente me acordaré de él y pensaré: “ésta canción te hubiera gustado”.

No te prometo serte fiel. No te prometo quererte toda la vida.
Pero, lo que sí le prometo es tener una canción que me recuerde a ti.

” And when I wake tommorow I’ll bet
that you and I will walk together again
cause I can tell that we’re going to be friends”

We’re Going To Be Friends – The White Stripes.

Artículo Publicado para VasQueVuelas.

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