“Este mes te toca hablar de
Tricky” me avisaron. ¡Órale! Pensé. Me gusta Massive Attack, Portishead, Unkle,
pero de ahí a clavarme con el trip-hop tan infernoso como lo que hace Tricky,
es otro asunto.
Me gusta hundirme en
artistas y bandas de las cuales no
tengo la información archivada en la caja B de mi cerebro. Bueno. ¿por dónde
empezamos?, pensé. La dosis de Tricky que tuve que digerir en las últimas dos
semanas fue demasiada. No es
queja. “Being naive is how you construct new music”. De todo lo que leí
acerca de él, fue lo que más se me quedó grabado. Hoy en día, la polinización
(por llamarlo de alguna manera que se me acaba de ocurrir) es que cualquier
cosa nos gusta, cualquier cosa nos embaraza de sorpresa, o nos facilita la
digestión musical. “Mira, ponle éste beat y pega”. Todo en esta vida lleva fórmulas para que “pegue” para que
sea atractivo, para que todos la canten, para que te la programen en todas las
estaciones de radio y te hagas millonario con una canción. No sé si somos más hippies que antes,
si es la era de acuario o qué la que nos facilita que todo lo que nos den le
hagamos un circo, peguemos una maroma y montemos un teatro con una bandita que
acaba de salir y le llenemos un Pepsi Center, ni qué decir cuando le llenamos
un Foro Sol.
También, por otro lado, nos
gustan esos artistas que van en contra de los convencionalismos dictados por el
mundo de la música. Vemos como héroes a aquellos “anarquistas” que se portan
mal con la prensa, que rompen una Gibson de cinco mil dólares en el escenario,
que sus letras hablan de revoluciones y de estallidos contra el sistema ¿?
Somos contradictorios, les llenamos un Foro Sol, pero cantando canciones
anárquicas. Algo se nos torció en los genes. Tricky es de esos artistas a los
que alabamos por ser diferentes pero a la vez aplaudimos enojados por que su
primer disco – Maxinquay- (en honor
a su madre) fue nominado al Mercury Prize. ¿Algo se le torció en los genes? No.
Desde sus inicios, Tricky ha
hecho justo lo que definió en una línea, ha sido inocente a la hora de
construir música. Quiero poner atención en la palabra CONSTRUCCIÓN, que él usa.
Al escucharlo te das cuenta del significado y peso que tiene esta definición.
Una mezcla de trip-hop, con secuencias del pop más vendible y barato que se cruza con líneas de
rap. Lo que en alemán se conoce como “sprechgesang” (técnica de cantar-hablar)
donde la entonación es adecuada pero la articulación de las palabras es rápida y
parece que está dando un discurso. Para un mejor entendimiento de esto, tuve que
escuchar más de diez veces Evolution
Revolution Love donde la
segunda voz, la más profunda, da
una clase de cómo hacer sprechgesang.
¿Será esa manera “inocente” de
hacer música lo que ha llevado a Tricky por un viaje de mezclas extrañas
disfrutables? Le llamo disfrutable a todo aquello que me produce una sensación
de bienestar, de calma, de dominio y de atención. No es música intelectual, no
es profunda ni clavada. Como si fuera batidora, toma cosas básicas del pop, con
lo complejo del hip-hop , revuelve el universo y sale una canción maravillosa.
Irónicamente su nuevo álbum, que
sale este 27 de Mayo se llama False
Idols algo que, como muchas otras figuras públicas Adrian Nicholas Matthews
Thaws (hasta vi su acta de nacimiento) detesta. No porque sea una persona de color y en sus canciones rapeé,
quiere decir que tiene que posar con cara de matón, como una revista se lo
pidió alguna vez. Tal es su manera de tomar las cosas, que nunca imaginó ser
conocido más allá de sus colaboraciones con Massive Attack. Le sorprende
encontrarse en carteles con su cara cuando camina por la calle. Eso tiene dos
lados: o se hace el superado con los medios y es de esos artistas que creen que
no merecen tener la fama que han buscado (a nadie le gusta pasar desapercibido,
seamos realistas) y es una estrategia de publicidad, o bien, es real y puritano
lo que dice. Aunque si no quieres ser famoso, pues entonces dedícate a ser
cantinero y poner una granja en Essex y no hagas música. Así que esa cara de
sorpresa que pone al verse en un Billboard que se la crea su mamá. El que se
sube a un escenario es porque quiere algo a cambio. Inmortalidad, podría ser. Y
al hacer una canción y construirla, tu nombre ya está en la lista negra.
Si quieres hacer cosas buenas, no
te tomes en serio, estas haciendo música, no una cirugía máxilofacial.
Diviértete, mezcla, y cree. Si hubiera una fórmula, creo que sería ésta.
Con tanta exposición de medios,
es imposible alcanzar la genialidad de ser un artista underground. Cualquiera
te graba en un bar de mala muerte y si eres medianamente bueno, dejas de ser
desconocido. Aunque también por malo te das a conocer. Seguramente no estaba
preparado para lo que venía. Esa incredulidad con la que habla de su éxito, es
lo que en cierta manera, lo mantiene –por decir una palabra académicamente
sangrona- puro y fiel a lo que le gusta.
El éxito es lo que arruina un gran disco como lo es Maxinquay, quedarse en el estatus de “música de culto” y ser
conocido por sólo unos pocos, también habla de snobismo, de justo, lo contario
a lo que se dice más arriba. ¿No
quieres ser famoso? Bueno, vende paletas de piña en un parque.
Apartando todo lo contradictorio
que pueda resultar fama vs underground, ahora Tricky ya no tiene dónde esconderse. Cuando el disco Maxinquay fue clasificado como una
“obra de arte” el más sorprendido fue él. Aquí es donde se agradece el hacer
música de esa manera tan “naive” , como él lo llama, donde no espera nada de
nadie, ni de fans, ni de críticos, ni de revistas. Una de sus intervenciones
musicales más criticadas por sus fans undergrounds fue
cuando cantó con Beyoncé en el festival de Glastonbury. Él no buscó la fama, la
fama lo buscó a él. Supongo que todos crecemos y parte de eso es buscar y esperar
cosas diferentes de la vida y cuando lo haces, la vida te lo pide de regreso.
¿Será eso la fama?
Veamos qué demonios nuevos exorciza en su nuevo disco.
Texto para Sabotage Magazine
Edición Impresa
Mayo 2013



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