
Durante más de 10 años los Halloweens en casa de VeroChica eran una tradición, año con año las amigas esperábamos ansiosas esas invitaciones hechas a mano por ella y por VeroGrande donde se leía: "recuerda traer tu sleeping bag, una muda de ropa y llegar disfrazada, tus papás podrán recogerte al día siguiente después de las cuatro de la tarde". (Sólo encontré dos)
Esos son los únicos Halloweens que la máquina de mi memoria no me deja borrar. Era ya una costumbre, era obligatorio, era emocionante, era todo, de ese todo que te significa cuando eres niño. VeroChica era la única niña de su familia, también era la más aplicada del salón, también la más consentida por sus papás, y también era una de mis mejores amigas desde los 5 años.
Llegaba de la mano de mi hermana (las hermanas también estaban invitadas) yo disfrazada de "La ficha Blanca" y ella de hada, muy puntuales como decía la invitación, a las siete de la noche para no perdernos detalle de nada. PapadeVero se escondía detrás de la puerta y el garage se convertía en un pasillo hecho de tela negra iluminando el camino con velas color morado y donde te enredabas con las telarañas hechas de algodón sabiendo que tenías que correr cuando PapadeVero saltaba para decirte "bienvenidas" con su disfraz de chango. A lo cual siempre respondíamos con un grito de esos de nervios, de ese nervio que te da cuando eres niño.
VeroGrande desde el otro lado del pasillo gritaba "corran yo las salvo" y te recibía con un abrazo y un beso en la mejilla hundiéndote en su enorme disfraz de Cruella de Vil, para posteriormente entregarte una caja (que para mis estándares de niña era inmensa) llena de bombones (que después quemaríamos en la chimenea) pulparindos, duvalínes, frescas, chicles motita, galletas, snikers etc. VeroChica disfrazada a veces de SandyDee, a veces de Anita la Huerfanita o a veces de Gretel nos decía " que bueno que ya llegaron" y nos daba un abrazo torpe, de esos torpes que se dan cuando eres niño.
La cena era servida en el inmenso jardín que habían en la parte posterior de la casa, el cual estaba debidamente adornado con tumbas hechas de unicel con el nombre de cada una de las amiguitas que íbamos. Un Frankenstein inmenso colgaba ahorcado del árbol, junto con rollos de papel higiénico hasta el suelo. Sentadas en el pasto cubierto por un mantel de cuadros, nos servían spaghetti verde y pastel de carne, de postre dos bolas de helado una naranja y una morada. El menú jamás cambió.
Ya comidas y listas VeroGrande nos repartía bolsitas para salir a pedir halloween, dos labradores y PapadeVero vestido de chango escoltaban a las doce o quince niñas por toda la privada para tocarle a los vecinos quienes amablemente siempre nos dieron de más. Ansiosas, de esas ansias de niño esperábamos la hora de regresar, sabíamos que venía la hora de ver películas de terror. Nunca fallaba, siempre veíamos "Halloween" (la uno, la dos, la tres etc..). La película jamás cambió.
Emocionadas, con esa emoción de niño, nos preparábamos mentalmente porque sabíamos que venía. VeroGrande contaba del uno al cincuenta, mientras corríamos por toda esa casa inmensa de cuatro pisos buscando el mejor escondite para que PapadeVero ahora disfrazado de Michael Myers nos saliera a buscar. Gritos por toda la casa mientras iban encontrando a una por una, y siempre había alguien que gritaba " un dos tres por mí y por todas mis compañeras". Salíamos corriendo a tocar la "base" sabiendo que ya estábamos a salvo.
Aterrorizadas, con ese terror de niño, VeroGrande nos pedía que fuéramos por nuestra bolsa de bombones que se nos había dado a la entrada, nos prendían la chimenea y asábamos bombones dentro de un bosque-sala tenebroso creado con foami, papel lustre, y pedazos de ramas originales mientras contábamos historias de terror. PapadeVero sin la máscara de Michael Myers a la menor provocación nos asustaba y todas gritábamos con esos gritos de niño.
Terminaba la noche cuando subíamos al cuarto piso de la casa, a ese ático repleto de juguetes, para extender nuestros sleepings bags y tratar de dormir. Un Halloween más había terminado, y esperábamos pacientemente con esa paciencia de niño el año siguiente.
En esos detalles estaba el inmenso amor, que VeroGrande y PapádeVero le tuvieron a su hija. El amor fácil de sentarse con ella a hacer invitaciones, el amor sencillo de decorar cada rincón de la casa, el amor que no excluye disfraces aún cuando eres el papá.
Si, le tuvieron, VeroChica murió hace 12 años, se murió así como se mueren las personas. Y no, aún no estoy preparada para contar cómo y por qué.
Y yo, año con año al recordar estas fechas puedo morir un poco de nostalgia; así con esa nostalgia que nos da a las mujeres adultas.
El día del funeral de VeroChica, VeroGrande muy preocupada me decía:
- Ay Nena, yo que siempre pensé en hacerle sus halloween a mis nietos.
- No te preocupes VeroGrande, yo en tu nombre y en mi recuerdo, si tengo hijos se los haré.
Y hoy me permito recordar, así como recuerdan los que escriben.


4 comentarios:
Me recordaste a mí y a mi mejor amiga. Ella murió hace 5 años. Me sacaste una lágrima.
No tengo un caso similar pero me hizo sentir como si hubiera estado ahi en algun halloween...
Eso se llama amistad :)
Un abrazo
aww u.u !
<3
me quede: " " en blanco, aún sigo sin saber que decir/escribir, eso sí me hiciste recordar mi infancia, mis amigos de esos amigos de verdad de niño.
Me llené de sentimientos y recuerdos.
Gracias por compartir y por generar esto.
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