Def Leppard y Poison llegaron a la Ciudad de México este sábado pasado. El lugar, una Arena Ciudad de México
nuevecita, intacta, de primer mundo. La gente desempolvó sus playeras
que decían Hysteria con ese famoso logo de DF, o unas negras estampadas
con las letras verdes de Poison. Esa gente que hace muchos años los vio
en vivo por primera vez y que regresan hoy para recuperar sus recuerdos;
esos que están guardados en una parte muy privada de la mente de cada
quien.
“Cuando eras niño tu papá y yo llevamos a tu hermana y a ti a un concierto de Def Leppard, Joe Elliot
te vio, te señaló y pidió que te subieran. Se acercó a ti y te cantó,
tú cantaste con él”. Esa es la anécdota que alguna vez quisieras que tus
papás te contaran una y otra vez.
El niño subió, se asombró, abrió mucho los ojos y la boca mientras un Elliot–por demás asombrado, también– le daba el micrófono para que coreara Armageddon It. Lo cargó y lo regresó a brazos de su papá.
El niño subió, se asombró, abrió mucho los ojos y la boca mientras un Elliot–por demás asombrado, también– le daba el micrófono para que coreara Armageddon It. Lo cargó y lo regresó a brazos de su papá.
Puedo imaginar que si estaban en primera fila con sus hijos es porque llegaron muy temprano. Puedo imaginar que si llevaron a sus hijos es porque tenían que hacerlos partícipes de esa música que para ellos fue una vida y hoy es muchas vidas después, tantas que tienen un hijo.
No es que la música de antes fuera mejor
a la de hoy, no, sólo era diferente. Dos bandas que marcaron el ritmo,
la moda, la declaración, la vida de finales de los ochenta y todos los
noventa.
Ese glam rock, pop-rock, era un llamado a pasarla bien, a divertirse. Ya con el punk de los setentas habíamos tenido suficiente resistencia y rebeldía, ahora llegaban ellos para mostrar el lado disfrutable donde todos fuimos adolescentes, con su música hicimos las mejores locuras, nos enamoramos por primera vez y le lloramos a ese que pensábamos sería el amor de nuestra vida.
Una vida llena de muchas otras y cada
canción hace que recuerdes un momento, un alguien, un algo. Dos bandas
que después de veinticinco años siguen haciendo música y que, gracias a
la tenacidad y al amor por lo que hacen, siguen grabando. Los
verdaderos shows de estadio fueron su sello. Cada una de esas bandas
tenía un sonido que los caracterizaba y que incluso, aunque no cantara
su vocalista, se sabía quiénes eran por el ritmo de la batería, el
sonido específico de la guitarra. Bandas que siempre buscaron su propio
lugar y que todas cupieron.
Música que incitaba a divertirte, a
llenarte de fiesta (de alcohol y claro, de mujeres) y de las ya
conocidas “powerballads”,todo gracias a bandas como Def Leppard y Poison.
Bandas que después de muchos años, se siguen parando en un escenario e
igual que antes, lo disfrutan más que nosotros. Muchas vidas después
siguen juntos, con la misma fidelidad y lealtad con la que empezaron
cuando tocaban en sus garages y bares de mala muerte. Es amor.
Moda excesiva, pantalones entubados,
botas, camisas, tatuajes, pelo largo, leather pants, sin camisa, eso era
la música en los 90. Llena de testosterona, llena de ser alguien, llena
de caber en un lugar en la historia. Sólo pocos lo logran.
Una clase de historia, de cómo hacer
música, de cómo se lleva el rock en las venas fue lo que vimos este
sábado en una Arena repleta donde no cabía una sola persona más. Donde
cada canción fue coreada en agradecimiento a esa música que ellos
hicieron y que hoy a nosotros también nos forma. Dos bandas que cuando
se suben al escenario saben lo que hacen, se nota que lo aman, se ríen,
saludan al público, se acercan a ellos y terminando su show, se quedan
con las luces prendidas dando una muestra de agradecimiento mientras la
gente no para de gritarles y aplaudir.
Espero que el día de mañana a unos Raveonettes, The Vaccines, The Hives,
y tantas y tantas bandas que hoy llenan cualquier lugar, los podamos
ver juntos, parados haciendo lo que más les gusta y sigan grabando
discos, sigan en giras, sigan sin darse por vencidos aunque la avalancha
de jovencitos (como el niño que subió a cantar con Elliot) trate de
sobre pasarlos haciendo más música con bandas que en dos años
desaparecen o que graban un solo disco y se entierran en un One Hit
Wonder.
Muchos años después, muchas décadas después, muchas vidas después podemos seguir hablando y escribiendo de Def Leppard y de Poison.
Agradecemos las fotos a TONY FRANCOIS, y el resto de las fotos pueden verlas en www.tono.tv



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