18 septiembre 2012

Muerta sabes mejor. Una historia de amor, música y literatura.

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El acto de canibalismo es un acto dramático tan inspirador y con un justo toque de fatalidad que, sus satánicas majestades, The Rolling Stones tomaron esta historia y la convirtieron en canción. Tan teatral que trascendió y se escribió un libro que vendió más de 20 millones de copias. Tan natural para que la mente que estuvo detrás de este crimen siga recordando a detalle esa noche y pueda dormir.

El amor y la luna de miel


Dos invitaciones a cenar, en la segunda la cena estaba servida. Le apuntó con un rifle y escuchó como su cuerpo caía lentamente mientras un mar de sangre empezaba a inundar la habitación. Después, silencio, el silencio que hace la muerte cuando grita. El día por el que había vivido estaba ahí. Qué difícil debe ser penetrar, besar y abrazar a un cadáver que no responde nada -aunque a veces pareciera que estaba viva-, besarle los labios y decirle “te amo”. Cortar un cuerpo, ver cómo se desparrama la grasa, los líquidos, la sangre es un espectáculo poco soportable, pero Issei tenía hambre, hambre de amor, su corazón latía al ritmo de una obsesión.

Cortar, destazar, acuchillar, arrancar, hundir hasta llegar al músculo y masticarlo lentamente. Inodoro, sin sabor, tan perfecto como una rebanada de atún. Carne de la mejor calidad. Preparar con mostaza y sal esas partes que iba metiendo al horno. Sentarse a la mesa con todo un ritual y usar su abrigo como servilleta. Seguir cortando más partes, seguir sirviendo, seguir comiendo. Pedazos de senos poco disfrutables, ya que tienen mucha grasa, carne de muslos perfectos. “La vi a los ojos que aún permanecían abiertos y le dije: muerta sabes mejor, estás deliciosa”. Finalmente ella ya estaba dentro de él, ya era suya.

Renée descuartizada en el cuarto de baño, donde después de 24 horas las moscas y el olor daban aviso de que ahí adentro había un hombre enamorado. Donde daban aviso que una mujer ya no estaba ahí y nadie sabía a dónde se había ido. La luna de miel había terminado. Romper un cuerpo como un niño que cuando se enoja rompe sus juguetes. Así fue como Issei rompió a Renée, masticando su clítoris, usando su mano blanca para masturbarse y después comerle los dedos. Meter las partes del cuerpo en bolsas. Cortar la cabeza para seguir admirando esa belleza occidental, morder su nariz perfecta, arrancar de un beso con dientes esa boca que tanto deseó besar cuando ella vivía. Ahora, su deseo se hizo realidad.

Meter las manos dentro del cuerpo de esta mujer y sentirla suya, por tres días dormir junto a los pedazos regados. Arrancar con todo el deseo y ojos llenos de lágrimas la lengua y ponérsela sobre la suya, tomarse una fotografía y admirar sus obra de arte.

Érase una vez


Issei nació en Kobe el 11 de junio de 1949 dentro de una familia acomodada. Estudió literatura inglesa en la Universidad de Wako, en Tokyo, después se mudó a París a los 34 años para estudiar, un poco tarde, literatura contemporánea en La Sorbona. Siempre se le dificultó relacionarse con el sexo opuesto, no era fácil fijarse en un tipo con tantas desgracias genéticas al mismo tiempo. En una entrevista, él admite su fealdad y reconoce que tenía cierta obsesión por esas mujeres tan perfectas. Decía que sólo quería absorber su energía. Esa energía que sólo los dementes creen que obtendrán a cambio de su honor.

La primera vez que vio a su maestra de alemán pensó: “¿Será que me la podré comer?”. Ese pensamiento brutal lo llevó a saltarse por la ventana de la mujer. Para su suerte ella dormía, por lo que buscó algo con que matarla. Al escuchar ruidos, su maestra se despertó y gritó. Issei salió despavorido. En el transcurso de sus días y sus largas y perversas fantasías nocturnas pensó que la próxima vez que lo intentara no podría fallar. Nunca olvidó lo que más deseaba: comerse a una mujer.
“Yo sólo era una mujer que quería estudiar literatura”. Seguramente eso fue lo que Renée Hartevelt pensó cuando llegó a la Sorbona de París y conoció a Issei Sawaga.
Alta, de rasgos finos, blanca, sana y hermosa. Una hembra perfecta, lista para ser servida y que cada pedazo de piel fuera saboreado. Una mujer que, con esas características físicas, era obvio que nunca hubiera volteado a ver a un tipo petiso (1.52 m), mal comido, con voz afeminada, débil, feo de pies y manos chicas. Su único deseo era comérsela. Esa sería la única manera en que ella sería suya y sería para siempre.

En París, Issei rentó un pequeño departamento que tenía un escritorio que rozaba una cama individual, una pequeña cocineta , un refrigerador y un librero. Su mirada se posaba cada día en el cuerpo de Renée, esa holandesa que asistía a las mismas clases que él. Se enamoró de sus piernas, de sus labios, de sus nalgas y su lado oscuro le gritaba que podría demostrarle su amor consumiendo todas y cada una de sus extremidades.
Toda esa belleza quedó en partes, como un juego de rompecabezas que no sería unido, que sería guardado en bolsas dentro de un refrigerador cuando su comensal no pudo continuar con la cena.

Sin castigo, sólo fama
Issei fue visto cuando después de varios días decidió deshacerse del cadáver porque ya no podía vomitar más amor. Fue llevado a la cárcel parisina de donde su millonario padre pidió su traslado a un instituto psiquiátrico en Japón. Después de 15 meses de pruebas exhaustivas no se encontró ningún indicio de esquizofrenia, bipolaridad ni trastornos para poder medicarlo y encerrarlo. Issei salió libre después de sólo cinco años de prisión, incluso le fue otorgado un pasaporte alemán. Fue invitado a muchos programas para hablar de su crimen, del cual siempre se ha sentido orgulloso. Escribió cuatro libros y el más exitoso fue donde contaba detalladamente su crimen, vendiendo más de 200 mil copias.
Además, tuvo una columna en una revista japonesa donde escribía reseñas de restaurantes y comidas.


La cereza del pastel
La banda The Rolling Stones le escribió una canción llamada “Too Much Blood”:


” I want to dance, I want to sing.
I want to bust up everything.
And have some fun.
And make some love.
I can feel it everywhere
Feel it up above
Feel the tension in the air
There is too much blood, too much.
Pretty ladies, don’t be scared
Pretty ladies, don’t despair
There’s still so much love.


Su último deseo
Issei sigue vivo. En alguna parte del mundo el hombre que se comió a una mujer. Va al cine, tiene amigos, lleva una vida tan normal como cualquiera de nosotros pero tiene un deseo que lo diferencia del resto:
“Tengo una visión y mi último deseo es ser comido por una mujer, porque ese acto de canibalismo hacía mí es lo único que me va a poder salvar y estoy seguro que muerto mi sabor es mejor”.
Él sabe que el acto de canibalismo es, en sí, un acto dramático tan inspirador y con un justo toque de fatalidad como para que alguien más escriba un libro sobre cómo se comió a Issei Sagawa.



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