17 diciembre 2012

Madonna; la reina no ha muerto,

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Me acuerdo que en mis momentos más adolescentes Madonna era el modelo a seguir para todas aquellas que crecimos con los Quesito Mío, los Windys o el Hornito Mágico Mi Alegría. Escuchábamos a Fine Young Canibals, U2, Jesus and the Mary Chain, Depeche Mode y por ahí a Yuri con “Osito Panda”.

Crecimos y dejamos de jugar con La Comiditas, y ahora las tardes la pasábamos viendo sus videos en MTV, cuando todavía era un canal de videos y no una mofa de programas baratos con adolescentes preñadas o un grupo de idiotas que se dedican a emborracharse y tener sexo entre todos llamado Jersey Shore. Hacíamos la tarea con MTV prendido, qué manera de educarnos fue esa, una de las mejores, supongo.

Todas queríamos ser Madonna, había unas, incluso, que se pintaban el lunar arriba de la comisura de los labios como ella lo usó mucho tiempo. Compramos crinolinas, chamarras de piel, leggins y pulseras hasta el brazo (la moda regresó ¿viste?) y queríamos ser Madonna en Desperately Seeking Susan. Se volvió actriz. Fuimos testigo vivencial de sus libertades sexuales como lo mostraba en su documental En la cama con Madonna, cuando su Blond Ambition Tour empezaba a marcar el camino para esos grandes shows de estadio. Ella ya los hacía.

1993 y el Foro Sol era el Autódromo Rodríguez. Si hoy son precarias las instalaciones, hace veinte años lo eran aún más. Gradas construidas sobre andamios, tablas de madera para sentarte y miles de personas llenamos el recinto, era Madonna. Hubo una segunda en el 2010 y una tercera sólo tres años después y se sigue llenando aunque la exposición mediática no haya sido la misma. Esta última vez mi twitter dejó que se muriera. La gente se muere cuando no hablan de ella. En Twitter la matamos, nadie fue, nadie habló y por un momento pensé que la reina había muerto. Sus boletos estaban hasta con 30% de descuento. La mortalidad nos alcanza en vida, pensé.

Tres veces la he visto: en las primeras dos la gente se vació los bolsillos -porque nunca ha sido barato ver a Madonna-, y mi sorpresa al llegar a esta tercera vez es que también estaba a reventar y mis ganas de salirme también. ¡Pero cómo, si es Madonna! Sí, pero esta vez su show fue el más oscuro, teatral, religioso, formal y serio del cual yo tengo memoria. Sólo en una ocasión dejé de cabecear que fue cuando cantó “Like a prayer”. Sin quedarse atrás sobre tendencias musicales, ahora la versión de “Justify” la remixeó con dub-step. Claro que está a la vanguardia, es la reina.

Que si Britney -que no aguantó el paso y se quedó sin cabello y sin razón a mitad de su carrera- podría suplantar a Madonna; que si ahora Lady Gaga le pisa los talones, pidiendo con vestidos llenos de mal gusto la corona de la reina del pop. Las dos lo han intentado, y Madonna a sus 54 años sigue diciendo: la reina soy yo, la reina no ha muerto.
En el pasado Hard Candy Tour, Madonna mostró su lado perverso al señalar a Britney en las pantallas de su show diciendo “I’m Britney, bitch”. La señora con toda la elegancia del mundo pidió un aplauso para la recién resucitada, lo cual el público presente adoró pensando lo buena persona que era, y una risa salió de mí cuando Madonna dice “No, I’m the bitch”.

En este MDNA tour, al estar cantando “Express yourself” empalmó la letra de su canción con la de Lady Gaga “Born this way” -la cual es un robo directo a la primera-; una vez más, la señora con toda la elegancia del mundo encimó su voz cantando “she’s not me, she’s not me”.
Ahora, en mis momentos ya no adolescentes te puedo decir: sí Madonna, you’re the bitch. No, Madonna, she’s not you. Y cuando finalizó su show pensé: no, la reina no ha muerto.

Texto publicado para Letras Explícitas 

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