Hablar de Robert Plant es hablar de un cuarto de historia musical. Hablar de él es hablar de Led Zeppelin. Con un Auditorio Nacional lleno hasta el tope y con una tropezada impuntualidad inglesa, una voz en off anuncia “And our guest tonight, Mr. Robert Plant”. Un escenario precario, sólo con una fotografía del dios de oro con símbolos psicodélicos tan… él. No necesitaban decirnos que junto a una de las bocinas había incienso, era obvio. Era Plant.
La historia se repite, un nombre estúpidamente famoso impreso en un boleto es garantía de un sold out. Lo hemos visto en incontables ocasiones: el rockero que tuvo sus días de gloria hace tres décadas tocando sus mismos éxitos una y otra vez, como cinta de Möbius, atrapado en notas que le dieron fama e incapacitado para romper con esa maldición. Lo hemos visto muchas veces, el camino de la nostalgia es muy sencillo de caminar. La misma gente que va a esos shows es la misma que fue hace treinta, veinte y diez años. Hubiera sido muy fácil tomar el mood Zeppelinezco y cantar una y otra vez las mismas canciones. Esas que lo hicieron lo que hoy es, y nadie se hubiera quejado y él se hubiera llevado una ovación de pie. Muy fácil ¿no? Robert Plant y The Sensational Space Shifters demostraron ser todo menos eso.
Abriendo con Tin Pan Valley, Another Tribe -de su disco Mighty ReArranger-, Plant y su super grupo sonaron a un folk, country, bluegrass, rock renovado con percusiones e instrumentos africanos que le dan un toque surrealista a cada una de las canciones interpretadas.
Sus épocas de pantalones de cuero y camisas abiertas quedaron muy atrás saliendo al escenario cómodamente con unos jeans y una camisa negra. Sus movimientos corporalmente agresivos sobre el escenario también quedaron atrás, ya no los necesita, sabe que hay que subirse de manera diferente. Plant se paró frente al público varias veces haciendo un movimiento corporal, agachándose y rozando el suelo mientras “aventaba” con sus manos la vibra a todos los que estuvimos ahí, todos le devolvimos el amor al estar todo el tiempo de pie.
Esto no era un Robert Plant “y su banda tocando atrás”, como tantas veces lo hemos visto. The Sensational Space Shifters -como él mismo los ha llamado modestamente- “son una banda que se asemeja a una bestia multi cabezas llena de sorpresas” y así fue. Cada uno de sus músicos tiene una personalidad muy bien definida. Su banda lo ha ayudado a explorar las raíces del blues, del country y del folk. La admiración que él siente por cada uno de ellos se notaba cuando alguno tenía una parte importante de la canción y Plant se acercaba a guiñarles un ojo, a darles una palmada en el hombro o simplemente se limitaba a verlos y sonreírles. Me atrevo a poner un pensamiento en su cabeza y me lo imagino diciendo “qué chingones músicos tengo, estoy a salvo con ellos”. Nada más alejado de la realidad.
Una versión de Black Dog, Ramble on y de R’n'R renovadas, que nos dieron un beat al corazón nuevo, aire fresco con el toque de nostalgia que todos buscábamos para identificar los momentos. Sí, también los hubo. Era imposible que se fuera sin cantarnos y sin cambiar la versión en un momento impecable como Going to California, donde no sólo demuestra quién es, sino quién sigue siendo al no forzar ni un sólo músculo de la garganta para alcanzar las notas: uno de los mejores vocalistas que el rock ha tenido. No por nada nombrado como “El dios de oro”.
Plant tomó una buena decisión, arriesgada, atrevida y temeraria al quitarse el estigma de quién fue y tomó un camino diferente. Decidió explorar un género distinto sin evitar el sonido agresivo y prominente que le caracterizó hace más de tres décadas atrás. Es cierto, Plant no es el mismo de antes, pero eso no es necesariamente algo malo. Él está por arriba del estereotipo de la ex-estrella de rock and roll que sigue llenando arenas para recordar una y otra vez lo que fue. En este caso, su show es más contemplativo que otra cosa. Llena arenas por lo que hoy es, reinventándose como un músico de bluegrass. En el caso de Plant, las canciones nunca suenan igual, y esa es la clave para revivir el éxito.
Pequeño diccionario de palabras incomprendidas…
Música: es el arte que más se aproxima a la belleza dionisíaca entendida como embriaguez. Uno no puede embriagarse fácilmente con una novela o un cuadro, pero puede embriagarse con la novena de Beethoven, con la sonata de Bartok para dos pianos o con las canciones de los Beatles. La música libera: libera de la soledad, del encierro, del polvo de las bibliotecas, abre en tu cuerpo una puerta por la cual tu alma entra al mundo para hermanarse. (Milan Kundera, La Insoportable levedad del ser).
Y así fue como se nos abrió una puerta por la cual nuestra alma salió a dar un paseo y después de una hora y media regresó satisfecha y con una sonrisa. Hablar de Robert Plant es decir que la música se hizo para gente como él.
Texto publicado para Letras Explícitas Nov-19-2012



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