
En la vida uno tiene que permitirse ciertos lujos, ciertos riesgos , correrlos, saber pagarlos y saber vivir con ellos. ¿Cuántos de nosotros no tenemos un amor platónico? Esa persona que sabemos que jamás será de nosotros, porque simplemente las líneas de vida (al menos en esta) no nos permitirán cruzarnos.
Vivir con el amor pendiente, el alerta de una mirada, de una palabra, de una llamada, de un mail...de una carta.
Esa es mi historia con Antoine y todo empezó por allá de 1999, y desde ahí supimos que no éramos ya de este siglo. Nos conocimos en Roma. Yo era una jovencita de rizos sueltos y una sudadera mugrosa que dormía en un Bed & Breakfast mientras se trataba de tragar el mundo con una mochila a la espalda. Durmiendo en trenes para ahorrar lo de las pensiones, visitaba museos y tiendas de discos mientras se tiraba en cualquier parque a tomar café y ver pasar a la gente e imaginarme sus vidas.
Roma fue una de las 17 paradas a esas ciudades del viejo continente. 17 ciudades ¿estaba loca? sí, uno a esa edad hace ese tipo de locuras, después la vida ya no te alcanza. Llegamos a un hostal que estaba en un segundo piso, un italiano loco lo dirigía, gritón, mandón, y nos sacaba de los cuartos a las 7:00 am porque a esa hora se limpiaba.
Antoine se apareció una noche el el hostal del italiano loco, me agarró leyendo y comiendo nutella del frasco (qué cosa tan bochornosa) Tan cómodo como siempre ha sido con esos ojos azules, sus jeans y una camisa de rayas color café. Sentí que la Nutella se me atrevezaba y no podía respirar. Ese fue el impacto que me causo él. Y no tanto por lo atractivo que era, hubo algo más cuando nos vimos a los ojos, que yo solo quería que alguien gritara "corte y queda".
Hablamos mucho esa noche, nos quedamos despiertos casi hasta la hora que el Italiano loco venía a despertarnos. Dormimos a penas lo suficiente como para despertar a las pocas horas después y volver a encontrarnos en el pasillo. Quedamos de desayunar juntos y dar el paseo por Roma. Camine junto a él por esas calles tan llenas de costumbres como se me estaba haciendo a mí estar con él. Los dos éramos turistas y todo nos asombraba. Entramos al Coliseo y me contó la historia de los gladiadores mientras yo sentía que sólo existíamos nosotros. Sí, si hay un NOSOTROS. Torpes, cautelosos, ansiosos con las ganas en la punta de los dedos por unos momentos nos rozabamos las manos
Dos días después él regresaba a París. Me apuntó su teléfono en mi Moleskine y me hizo prometerle que le llamaría en cuanto yo pisara la ciudad luz. Secretamente yo contaba los días para llegar. Pasé por otras ciudades recorriendolas con urgencia para llegar. Por fin mi última noche en Amsterdam y al día siguiente tomaría el tren que me llevaría a probablemente verlo de nuevo. Y digo probablemente porque mi vida siempre ha sido de causalidades y yo no soy de las que le pide explicaciones a la vida, la vivo como viene. Lo primero que hice fue buscar un teléfono y marcarle: ya estoy aquí. El tono de su voz cambió inmediatamente lo que me hizo sentir más que esperada. "Nos vemos a las 7pm abajo de la Torre Eiffel". Pedimos asombro para cenar.
Por tres días me paseó por su ciudad, me llevo a esos lugares chiquitos que no son para turistas, pasaba por mí en las mañanas, me llevaba a desayunar a Montparnasse, caminar todo Champs Elysee desde el museo de Louvre hasta el Arco del Triunfo, nunca llevabamos prisa nos dabamos todo el tiempo del mundo, a cenar al Jardin des Tuileries, a saltarme y no pagar el metro, caminar a las orillas del Sena y sentarnos en el Pont Neuf a ver París moverse. Y como parada obligada a ver a la Mona Lisa, nos reíamos de la absurdes del cuadro y la gente que estaba alrededor, me tomaba fotos desde cualquier ángulo y yo como el título de la película solo le decía "Pide al tiempo que vuelva y nos tenga aquí por mucho más".
Un día caminando por alguna de las calles parisinas, me encontré un puesto donde vendían esas fotografías tan nostálgicas. Mi preferida de siempre ha sido una de Robert Doisneau " Le Baiser de l'hôtel de ville". ¿Por qué te gusta tanto esa foto? ni tú ni yo estamos en ella - me dijo. Le dije que me gustaba imaginarme que la chica de la foto era yo, que me
gustaba por pasional y amorosa, ese mundo donde dos personas que se aman se detienen en cualquier lugar y se besan haciendo que todo lo demás no exista. Tal como lo muestra la foto. La vida sigue mientras ese beso transcurre y lo detiene todo.

Mis historias siempre son nuevas, a veces las escribo, a veces las fotografío. Ahora yo tengo la mía con una de las fotografía más famosa del mundo. Y mientras él me daba ese beso, el mundo seguía pero nuestro momento se paró y lo detuvo todo.
Antoine y yo tenemos más que una historia de un beso olvidada en un cajón. Nosotros nos supimos dar una a nuestras medidas y posibilidades con lo que teníamos para ofrecerle el uno al otro. Sabíamos que nunca nos ibamos a tener, que esta vida, no era para nosotros, pero no por eso nos dejaríamos. Llevo más de 12 años recibiendo sus cartas y él las mías, nos gusta así, sin la rapidez que tiene un e-mail, sin atropellarnos en idas y venidas, sin urgencias de respuestas como los tiempos de hoy lo pide. A veces es una carta de una hoja, a veces una de ocho y otras es una postal de cualquier parte del mundo. No importa donde estemos, siempre nos recordamos.

Nos esperamos siempre pacientes a que el cartero llegue y leernos. Nunca hablamos de nuestras vidas amorosas, no nos interesa quién esté con quién, nos interesamos nosotros y lo que tenemos en nuestro mundo. Ignoro si ya tiene hijos y el de mí ignora si estoy casada. Esas nimiedades no nos ocupan letras. En ese mundo que constó de unos seis días juntos y miles de palabras a lo largo de estos años. Ese es mi mundo con él y está bien. Así nos gusta. Nosotros nos tenemos como mejor podemos con lo tenemos. Yo podré amar y vivir con otro hombre y Antoine podrá amar y vivir con otra mujer, pero siempre tendremos París y nuestras letras que han sido incansables en doce años.
Nos esperaremos toda la vida para ver si corremos con suerte y nos toca en esta, no tenemos prisa, esperaremos otros doce años y otros doce y otros doce. Veremos que nos tiene el destino preparado. ¿Un mundo de letras solamente? Muy bien, el amor nunca se rechaza y él y yo, no somos de este siglo. Por favor que nadie diga "corte y queda".
Él y yo nos permitimos un mundo así, somos nuestro lujo, nuestro riesgo, lo hemos sabido pagar y vivir con ello.

Tengo que terminar este post, porque hoy llegó una de sus cartas y detendré mi mundo para leerlo, sacar mis hojas y escribirle de vuelta ansiosa por contarle todo lo que me ha pasado en este último mes. Pude haber contado esta historia con un "se llamaba Antoine" pero afortunadamente puedo seguir diciendo "se llama Antoine". En presente, en mi presente como siempre ha estado.
Porque yo soy de las que siempre vivirá con el amor pendiente. Siempre. El amor mágicoinexplicable como el de esas letras llenas de amor, busqueda y paciencia o el terrenal como el de esa presencia fisicia, encuentros y tolerancia, pero siempre amor.









