El ser fanático de algo junto con la prostitución, es uno de los oficios más antiguos y peor pagados del mundo. A nadie nos pagan la operación de cuerdas vocales por cantar las 13 canciones que cantamos a todo pulmón en un concierto, a nadie nos pagan la operación de cadera si la camioneta en dónde vienen nuestras estrellas de rock nos estampa contra el pavimento en nuestro afán de que ellos nos vean aunque sea de reojo, nadie nos reembolsa el monto de unas pantaletas aventadas al escenario, que si tenemos suerte, se enredará en el palito ese que sostiene el vocalista. Nadie.
El ser fanático de algo requiere de tiempo, dinero, esfuerzo, dedicación y sobre todo amor, mucho amor al objeto de nuestro culto y un poco de desequilibrio emocional también ¿por qué no?
Un fan o un groupie es mentira que sean esas mujeres exuberantes que WASP, Guns 'n' Roses, Def Leppard o Poison nos tenían acostumbrados a ver en sus videos. Es mentira que las mujeres groupies sean una Tawny Kitaen haciendo split en el cofre de un carro, o una Bobbie Brown con un pastel de cereza escurriendo por su entrepierna, o una Paulina Poriskova cerrando el ojo coqueto sin olvidar la interpretación cinematográfica donde vemos a una Kate Hudson en Almost Famous como una groupie con un halo casi angelical. Nada más alejado de la realidad que eso, un groupie o un fan son personas normales (somos, dijo el otro).
Nosotros somos los que compramos sus discos, pagamos cantidades inverosímiles por verlos en un estadio repleto de otros como nosotros, nos trasladamos a veces kilómetros para escucharlos en vivo y por eso tenemos el derecho tatuado en la frente de poder hablar y criticar y opinar acerca de ellos.
Esta es la historia de Sasha Gervasi, que a sus escasos quince años pareciera que era el único fan de la mítica, perdida, desconocida y ahora casi canonizada y revivida banda llamada Anvil, resurgida de entre las cenizas gracias a eso: a un fan tan común y corriente como tú o yo. Gervasi conoce a Anvil en una tocada en Londres teniendo el privilegio de estar con ellos en backstage, ofreciéndole en ese momento a un adolescente el cumplimiento de su sueño más inalcanzable: estar con sus objetos de la adoración en un one-on-one. Y de conocer poco más adelante a los miembros de Def Leppard o Iron Maiden cuando lo invitaron a irse de gira con ellos por un corto tiempo. ¡A un fan irse de gira con su banda! A partir de ahí, surge una amistad un poco extraña donde años después Sasha recordando con emoción, añoranza y nostalgia la época en que conoció a sus ídolos, en un intento más por reavivar el momento, busca la manera de ponerse en contacto con ellos nuevamente.
Sasha logra contactar a Steve "Lips" Kudlow y después de un intercambio de e-mails, él les dice "les haré una película que con suerte gusta y con más suerte ustedes regresan, es mi forma de retribuirles el sueño que me cumplieron a mí, al aceptar conocerme hace muchos ayeres en Londres cuando era un niño". Gervasi es guionista de Hollywood ha trabajado con gente como Tom Hanks en "The Terminal" entre otras y tuvo los contactos y las maneras de llevar, producir, y hacerle un documental a sus ex-ídolos por el puro gusto de poder y un poco de agradecimiento. ¿Ven? Nadie sabe para quién trabaja.
Posterior al lanzamiento de Anvil: The Story of Anvil, estos regresan a cumplir un sueño completo que hasta entonces no habían podido lograr tocar en un estadio como teloneros de la última gira de AC/DC. Entrar al salón de la fama de Canadá y todo esto sucede muchos años después cuando un fan como tú o como yo los regresó a los escenarios. Lo que vemos en el documental tanto en la pantalla como a quién lo llevó a cabo es a seres humanos tratando de reconciliar lo que aman con lo que son.
Muchos podrían encontrar patético el hecho de que Gervasi haya revivido a una banda muerta, desconocida para muchos y nueva para otros tantos. A mí no me lo parece. Gervasi no hizo este documental para hacerse de más dinero, o ser reconocido por algo más que ser un guionista entre tantos de Hollywood, o porque él pensara que sería la película del año y ganara premios. Gervasi seguramente lo hizo por vivir la experiencia de ver convertido su sueño de fan de Anvil tal como se lo imaginó. Intentó abarcar la fantasía que a él lo hacía feliz y le funcionó, apuesto que este trabajo es el más reconfortante de toda su carrera y no por eso el más exitoso.
Sé que las fantasías no funcionan para todos, tampoco para mí, pero el conocer la historia de un fan que convirtió en una realidad esta historia no deja de sorprenderme. Así que, ojo bandas traten bien a sus fans porque entre ellos puede estar alguien que los reviva 20 años después.


1 comentarios:
Anvil es la mamada... son como los Spinal Tap ,,pero reales,,,
Slaudos
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