
Llegamos a la casa de la playa. Nos abrió la puerta Santiago, un hombre alto, canoso, de ojos claros que ya le hablaba de tú a los casi sesenta años. Se nota que de joven era bastante guapo. Su cara no podía ocultar la pereza que le daba recibir, de nuevo, gente desconocida en la que ha sido su casa por muchos años. Miento, o él miente, es un poco de pereza combinada con una sonrisa. Él no es el dueño, es un tipo que pidió una segunda oportunidad a la vida y algo hizo bien que ahora vive solo, alejado de todo, en una playa.
Nos dio algunas indicaciones básicas y nos dio el recorrido de la casa. No tengo microondas, el refrigerador está vacío, no uso agua caliente así que no sé prender el boiler, no nado en la alberca por eso está vacía, no salgo a ningún lado salvo a nadar al mar en las mañanas y ocasionalmente al Oxxo de la esquina a comprar cigarros y ponerle crédito a mi teléfono, así que no es necesario que les de llaves, siempre estoy aquí. Esta recámara tiene un corto circuito y no tiene luz, no soy electricista y no he podido arreglarla. Este baño tiene la llave del agua caliente atorada, no soy plomero y no he podido arreglarla.
Cansados por el viaje, decidimos pedir pizza y cenar en la casa, ya habría tiempo para salir en los días siguientes. Santiago seguía nuestros pasos y se sentó en el comedor muy a sus anchas. Como lo dictan las reglas del buen proceder, invitamos a ese hombre hosco a compartir la cena con nosotros cuatro y le serví una rebanada en su plato. "Mira, ni sabía que las pizzas llegaban hasta acá, hace años que no como una". Se le notó el brillo en los ojos al tomar cuchillo y tenedor para cortar en pedazos grandes el triángulo relleno de queso con complementos encima. Cada quién y sus maneras de comer pizza.
El calor, la cena, el viaje, el sonido del mar a escasos metros de la casa parecería que era una clara invitación para subir a dormir como troncos. Sin embargo, a pesar del notable cansancio que delataban nuestros prolongados bostezos y ojos rojos, abrimos unas cervezas e hicimos una sobremesa que se prolongó hasta las cuatro de la mañana. Santiago nos tenía como niños cuando les leen un cuento de princesas y dragones.
Yo no soy de aquí, llegué hace pocos años, cuando la existencia decidió darme una segunda oportunidad. Llevo una buena vida, no me puedo quejar. Lo único que extraño es que aquí, en este pueblo, no tengo librerías. Mi único alcance con las letras está en un Sanborns o en la Comercial Mexicana y ya sabrás el tipo de libros que uno se encuentra, horribles. No hay museos. Soy un hombre que le gusta el arte. Mi mamá era francesa y mi papá español, se vinieron a México y tuvieron a sus hijos acá. Mi papá era decano en la universidad, lo fue hasta que se murió. Mi mamá tenía un doctorado en Filosofía y Letras, los dos eran alpinistas. Mi infancia consistió en hablar desde libros y autores hasta del Iztaccíhuatl y el Popocatépetl.
Lo de los libros era cierto, sobre la mesa de la cocina había uno llamado "Miss Narco" y el otro era "El Código Da Vinci". También había un ajedrez tamaño miniatura y unos Pall Mall rojos.
Tengo dos carreras, estudié odontología e historia. Las dos al mismo tiempo. Tuve hasta dos consultorios donde ganaba muy bien. Me casé, tuve dos hijos, un varón y una mujercita. Hace mucho que no los veo. Mi esposa era directora de un colegio de señoritas muy adineradas, por allá por las Lomas. Entré como maestro de Historia. Me gustaba dar clases. Un día, todo cambió. Dejé todo.
Abandoné a mi familia, cerré los consultorios, dejé de dar clases. Me deprimí tanto que mi única meta era llegar vivo al casamiento de mi hijo, se lo debía. Imagínate qué tan bajo caí. Y no fue por alcohol, ni por mujeres, ni por tranza, ni por drogas. Simplemente un día mi vida ya no tuvo sentido. Pensé que me iba a morir, en efecto, me quería morir pero nunca fui tan valiente para darme un tiro.
Me ofrecieron venirme acá, a cuidar la casa, ¿qué más podía hacer? Ya no tenía nada, no quería nada, lo hice para no morirme y darles otra pena a mis hijos. Acá no tengo a nadie a quién darle cuentas, vivo a mi ritmo. Si quiero como, si no, no. Mi sueño es aletargado, duermo las horas que quiera y cuando quiera. Tengo el mar, que es gratis. Leo mucho. Todas las noches me subo a fumar un cigarro a la azotea y veo el cielo, juego con las constelaciones. Me compré un caballete y pinturas, ahora soy pintor. Escribo de vez en cuando. Conozco a la gente del pueblo, ya me saludan. Al principio me daba miedo estar aquí, es peligroso.
Un día vi un convoy de camionetas estacionadas afuera de la casa, ellos me vieron que los vi, los saludé. ¿Qué otra cosa podía hacer? ¿Tratar de esconderme? Otro día salí en la madrugada por cigarros y escuché gritos, alumbré con la lampara de mano que llevaba y vi a un tipo encima de otro. Al día siguiente me enteré que lo estaba matando. Yo lo vi a los ojos, al agresor. Él me vio y regresó dos días después. Nos encontramos en la calle. Me hice estatua y le sostuve la mirada. Terminó por irse y yo por correr al baño.
Yo al amor de verdad ya no le hago caso, es más fácil enamorarme de una y de otra a distancia, por eso vivo en la playa. Aquí me enamoro diario de cualquier jovencita que me preste su cuerpo para fantasear con el durante el día. Mi vida sigue segura, requiero de un montón de fantasía para llevar mi rutina diaria, a la par de una mujer a la cual sólo le impongo un cuerpo, una cara y una presencia cuando yo quiera. Nada de realidades, me estorban.
También tengo algunas amigas por internet, a todas las quiero, a todas las consiento, a todas les digo que las amo y que pronto nos vamos a ver. No las mantengo con dinero, las mantengo con promesas que de ante mano sé, que jamás las podré cumplir. No me juzgues, me pide. Sé que esto puede sonar cruel, pero te aseguro que no lo es. Vivir en el imaginario colectivo es más seguro para mi cobardía. No tengo nada que ofrecerles, ni siquiera amor, aunque a diario les hable de eso. Amo a distancia. Ellas me esperan cada que tengo ganas de sentir eso que ya no me atrevo a tener en la vida real. Tengo a mi esposa, no aquí. Hace mucho que no la veo, pero logré no divorciarme. Me perdonó y ahora nos llevamos muy bien. Mi mejor época con ella es esta, mandarnos mails.
No creas, a veces me duermo con cargo de conciencia, porque sé que ellas esperan que un día les cumpla todo lo que con palabras les digo. No me aprovecho de su inocencia, te lo juro, me aprovecho de mí mismo. Me juego sucio a mí mismo. Hubo una de la cual sí creí estar enamorado. Estuve a punto de tener todo con ella. Me acobardé, me di miedo. Se me salió de las manos el juego. Y me retracté porque nada de lo que yo le había dicho era cierto. No soy dueño de esta casa, no vivo holgado de dinero, no tengo un Mercedes Benz. Las palabras de amor que le decía, las copiaba de alguna canción. A ella le ponía más atención, pero había dos o tres más. Lo sé, pensarás que soy un hijo de puta. Lo soy, pero no pude. No pude decirle que no soy todo lo que ella pensó pero, sí la quería.
Hoy, me basta ir a la playa, tirarme un rato por ahí, caminar un largo tramo para poder observar al objeto de mi deseo por unos minutos. Mucha mujer muy bonita con poca ropa. El paraíso para los cobardes como yo. Sé cómo seducir a una mujer, en especial a las jovencitas. Les hago la plática, las halago y en cinco minutos las tengo comiendo de mi mano. Con algunas tengo de todo, con otras sólo una plática. Sexo banal, vació sin amor, pero bueno. Como buen animal de instintos, cuando necesito desfogarme, también me voy al putero de aquí del pueblo.
A los solitarios como yo, no nos motiva el futuro y menos con una mujer real. Por eso me entrego a la banalidad de una fantasía, pero sé bien que mi vida ya tiene un curso y por nadie la cambio. Cuando me entretengo con alguna chiquilla por internet, tengo la seguridad de que no va a haber consecuencias. Es más fácil vencer por una computadora que cara a cara. Cuando me aburren un poco, les invento que tengo que salir de viaje y me les pierdo por tres días o hasta un mes. Todo lo invento, nada es real. Por eso vivo aquí, donde puedo dormir tarde, ver a mujeres en poca ropa, comer sin horario y entregarme a la pornografía sin límite. Te aseguro que ellas son más felices que yo, porque ellas sí saben entregarse, yo no. Ellas me llevan ventaja, son felices creyendo que las amo y que son únicas para mí, ellas tienen una familia, amigos, trabajo, aman. Yo no. Casi no puedo vivir conmigo mismo, mucho menos con otra persona.
Aquí nadie me espera para servirme la comida. Llego y estoy solo. No tengo amigos, estoy solo. Aquí no tengo una mujer que me pida que la proteja con una abrazo cuando hay un huracán. No hay nadie que se tire conmigo en la terraza a ver caer el sol y hablar de trivialidades. No hay nadie que se enoje conmigo porque no tiré la basura. Ya sabes, clichés. Solo soy yo, conmigo. A veces extraño mucho la compañía femenina. Pero soy un desastre y a nadie le gustaría involucrarse en un accidente ya hecho, solo para llegar a limpiar la sangre. A veces tienes que lastimar a otros para sanarte a ti mismo. Se ríe sólo como los pobres desgraciados lo harían cuando se dan cuenta que por muchas trampas que se pongan, nunca serán hombres de nuevo. Todo esto son excusas para no tener nada, porque no quieren tener nada.
Su voz era tan triste que por momentos, dejaba de prestarle atención, era tan extraño para mí escuchar esa confesión no pedida, que no quería dejarme involucrar por esa historia.
Me hice a un lado, no pregunté nada, y no quería compadecerlo. Si tiene esta vida, es porque él la eligió; como él lo dijo al principio de su relato.
Supongo que estaba ansioso por justificar su arrepentimiento con alguien que no merecía saber nada de él y que al final terminó hasta escribiendo de eso. Es la arena, el mar, el calor que no le alcanza para repartir su tristeza y su soledad.
Me dio la impresión que es un hombre que apenas puede levantarse por sí mismo, pero dije que no quiero compadecerlo. Hay una parte de mí que lo admira, que lo respeta por tomar esa decisión. La decisión de vivir en el abandono total, a pesar de que le falta nada. Tiene dinero, tiene educación, vive cómodamente, hace lo que le place. Se enamora todos los días de una mujer que vea en la playa en diminuto bikini, conserva a otra a distancia, una que le dé el amor que él no puede tener en la vida real. Aunque sea sólo imaginario. Con eso, a él le basta y cuando le sobra, se busca a otra nueva novia a la cual enamorará como si fuera la primera vez.
Pasaron los tres días de mi estancia en la playa y casi no tuve contacto con él, apenas lo veía en la cocina haciendo café, sentado en su computadora, regresando de caminar de la playa. Me hacía preguntas, pero yo prefería contestar con monosílabos. Me hacía la dormida o la que estaba leyendo para evitar el contacto con él. Me producía cierto rechazo. Me hacía sentir incómoda.
Terminamos la estancia en la casa de la playa y me despedí de él. Tomó mi mano derecha entre las dos suyas y muy bajito me dijo "gracias por servirme esa rebanada de pizza en mi plato, hacía muchos años que nadie me atendía". Lo que para mí es un acto común y corriente, para él fue un acto de amor, atención y cuidado. Algo que todos deberíamos de tener.
Por momentos me enojé con ese extraño. Me enojé por el valor que tiene de retar a la gente que lo quiere para que lo abandonen. Así como yo, así como tú. Sólo que él lo hace con consciencia. Tú y yo, por reflejo. Tú y yo somos más animales que él. Él piensa en eso, nosotros no.
Lo odié un poquito por el valor de renunciar a todo y volverte otro. Irte lejos, vivir por decisión propia una vida de ermitaño. Inventarse todos los días la manera de pasar el día. Y al final, la compasión me ganó. Ver a alguien abandonado hasta la agonía de esa manera me provoca tristeza. Estoy segura que a todos los que leen esto, así como a mí, nos gustaría un día mandar a la mierda todo y a todos.
Santiago no busca que nadie lo salve. Se sabe tan peligroso, que él se salva a si mismo todos los días.
He's a real nowhere man,
Sitting in his Nowhere Land,
Making all his nowhere plans
for nobody.
He's as blind as he can be,
Just sees what he wants to see,
Nowhere Man,the world is at your command!
Nowhereman - The Beatles.